Mirian Chávez

“Mi papá me enseñó que también nosotras podíamos construir un patrimonio”

Miriam Chávez usa su voz para hacer alianzas y abrir caminos. Es contadora pública egresada del IPN, madre, hija, y una de las personas que más conoce del sistema financiero popular de México. Como Directora General de la Asociación Mexicana de Sociedades Financieras Populares (AMSOFIPO), representa a un sector que atiende a más de 25 millones de personas, muchas de ellas excluidas por la banca tradicional.
Miriam habla con una mezcla de firmeza y emoción; la misma que pone cuando se refiere al dinero como una herramienta de libertad y del papel fundamental que tienen los padres —especialmente en el contexto actual— en enseñar a sus hijas e hijos a usarlo con responsabilidad, sin tabúes, ni mitos.

El valor de confiar…y de informarse.

En un momento de evolución para las SOFIPOs, marcado por el uso de la tecnología, enfatiza en que:
“Las SOFIPOs son sociedades reguladas y eso es algo que pocas personas saben. Están supervisadas por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), la CONDUSEF y el Banco de México. Además, cuentan con un seguro de depósito que protege a los ahorradores hasta por 25 mil UDIs, lo que equivale a más de 200 mil pesos.”
A lo largo de la conversación, repite una idea clave: la confianza no se regala, se construye. Y para construirla, es importante que el usuario tenga información suficiente.
“Antes de entregar tu dinero, infórmate. Verifica que la SOFIPO esté autorizada por la CNBV, revisa su calificación en el IDATU de la CONDUSEF y consulta sus estados financieros. La información está disponible, solo hay que usarla.”


Una institución financiera con rostro humano.

Cuando se le pregunta qué diferencia a las SOFIPOs de la banca tradicional, responde con una imagen inesperada, casi entrañable:
“Si las SOFIPOs fueran una figura paterna, serían ese papá que no usa traje. El que trabaja desde lo local, que no sale en comerciales, pero que sí está ahí cuando nadie más lo está. Un papá comprometido, cercano, que ofrece herramientas reales a quienes históricamente han quedado fuera.” Porque las SOFIPOs nacieron con una misión clara: incluir a quienes no eran personas sujetas de crédito para otras instituciones financieras. Pequeños comerciantes, mujeres emprendedoras, personas que trabajan en el comercio informal o que no tienen comprobantes de ingresos, pero sí sueños que requieren respaldo.
“Ofrecemos microcréditos, créditos para PyMEs, tarjetas, productos de ahorro desde un peso y sin comisiones.
No se trata solo de dar un servicio: se trata de entender la realidad de la gente.”

Hablar de dinero… también es hablar de amor.

Miriam tiene una certeza: la salud financiera, igual que la física, necesita diagnóstico, tratamiento y seguimiento. Y, sobre todo, debe empezar en casa.

“Educar con el ejemplo es la mejor herencia que puede dejar un padre. Hablar abiertamente de cómo se administra el gasto familiar, de qué significa endeudarse, de por qué hay que ahorrar. Incluso abrir una cuenta de ahorro infantil es una forma de sembrar autonomía.”

Desde AMSOFIPO, ella impulsa programas de Educación Financiera con ese enfoque: no se trata de volver expertas a todas las personas, sino de devolverle al dinero su verdadero lugar: el de una herramienta fundamental para tener un bienestar financiero.

Una historia personal que se volvió misión colectiva.

Cuando habla de su papá, no lo hace como funcionaria, lo hace como hija, como mujer que recibió un mensaje claro y poderoso en una época donde no siempre era fácil escucharlo: “Tú también puedes construir tu futuro.”

Esa semilla personal se volvió causa. Hoy, como cabeza de la Asociación que agrupa a las SOFIPOs, Miriam Chávez trabaja para que millones de personas tengan acceso a productos seguros, regulados y accesibles, sin importar su nivel de ingresos, género o historia laboral.

“La inclusión no es una palabra de moda. Es un principio. Y desde el sistema financiero también se construye justicia.”

Este Día del Padre…

Hablemos de amor, sí. Pero también de legado, uno que se siembra con actos pequeños: enseñar a ahorrar, a no tenerle miedo al dinero, a tomar decisiones informadas. Uno que no se ve, pero se queda. Como el de un papá que, sin grandes discursos, te hace sentir capaz y te deja algo que vale más que el dinero: la libertad de saber administrarlo.

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https://revista.condusef.gob.mx/wp-content/uploads/2025/06/voz_303.pdf