¿Tu Banco es inclusivo…
o solo se disfraza de arcoíris en junio?
Spoiler
la verdadera inclusión no es un logo colorido, es cómo te tratan cuando pides un crédito, abres una cuenta o decides compartir tu vida (y tus finanzas) con alguien.
La inclusión financiera —sí, esa cosa que suena súper técnica— tiene todo que ver contigo, con tu pareja, con tus decisiones y con el respeto que mereces. Especialmente si formas parte de la comunidad LGBTIQ+.
Porque, aunque el mundo avanza, el sistema financiero a veces se queda en los 90s: con prejuicios, formularios binarios, miradas incómodas y respuestas pasivo-agresivas cuando no encajas en su “perfil ideal”.
Pero sí hay Bancos que lo están haciendo bien. Y tú puedes, (y debes) elegir mejor.
Entonces…
¿Cómo sabes si un Banco es realmente inclusivo?
Aquí te va la guía para no caer en la trampa del marketing arcoíris.
1 Te tratan como persona, no como etiqueta.
La inclusión no empieza con un folleto: empieza con el trato.
¿Te atienden con respeto, sin asumir tu género o tu tipo de familia? ¿Te escuchan sin caras raras si vas con tu pareja del mismo sexo o si tus documentos dicen algo distinto a cómo te ves?
Un Banco que sí entiende la diversidad tiene:
- Formularios que no te obligan a marcar “hombre” o “mujer” como si fuera casting.
- Personal capacitado, no solo amable.
- Espacios para quejas accesibles, porque sí, a veces toca levantar la voz.
2 Sus productos también son diversos.
Tu vida no es igual a la de todos, ¿por qué tus servicios financieros deberían serlo?
Una institución financiera verdaderamente inclusiva lo entiende y refleja en cosas como:
- Créditos pensados para diferentes tipos de familia, no solo las “de comercial de cereal”.
- Productos que apoyan la transición de género o el acceso a salud integral.
- Cuentas conjuntas sin necesidad de tener un acta de matrimonio heteronormativa.
3 Tiene reglas claras (y no solo buenas intenciones).
Una empresa que se toma en serio la inclusión lo pone por escrito. No es un post en redes sociales, es una política interna con consecuencias reales.
- Busca si tienen políticas contra la discriminación por orientación sexual o identidad de género.
- Fíjate si hay sanciones cuando alguien rompe esas reglas.
- ¿Incluyen a proveedores y aliados en ese compromiso? Eso también habla fuerte.
4 No se les acaba el arcoíris el 1 de julio.
Hay Bancos que en junio son puro amor… y el resto del año, nada de compromiso.
Pero los que van en serio:
- Apoyan proyectos LGBTQ+ los 12 meses.
- Se alían con ONGs de derechos humanos.
- Promueven Educación Financiera hecha por y para la comunidad.
- Porque ser aliado no es una estrategia de marketing. Es un compromiso real.
5 La diversidad también se ve en su gente.
Una entidad financiera verdaderamente inclusiva no solo habla bonito: también lo vive desde adentro.
- Tiene personas LGBTIQ+ visibles en todos los niveles, no solo como imagen en su publicidad.
- Ofrece beneficios laborales igualitarios para TODAS las configuraciones familiares.
- Fomenta redes internas de apoyo, representación y escucha.
¿Y tú, qué puedes hacer?
- Pregunta. Tienes derecho a saber sus políticas, y a exigir respeto.
- Investiga. Busca experiencias reales en foros, redes o con personas de confianza.
- Elige con causa. Tu dinero es poder. ¿Dónde lo estás depositando?
- Infórmate. Entender tus derechos y tus finanzas es tu mejor escudo.
- Porque esto no se trata solo de billetes, se trata de dignidad.
La banca inclusiva no es un lujo, es una necesidad.
Una forma de decir: “yo también tengo derecho a ahorrar, a invertir, a crecer… sin esconder quién soy”.
- Que tu cuenta refleje tu identidad, no la niegue.
- Que tus metas financieras sean respetadas, no condicionadas.
Y que el sistema aprenda que incluir es mucho más que poner un arcoíris en el logo.
https://revista.condusef.gob.mx/wp-content/uploads/2025/06/inclusivo_303.pdf
