Humanizar las finanzas

El primer paso hacia una vida plena.

Por Aurora Geitel (BBVA)

En México, hablar de dinero sigue siendo un tabú. Para muchas personas, el tema se asocia con ansiedad, desconfianza o, en el mejor de los casos, indiferencia. Sin embargo, la relación que tenemos con nuestras finanzas es profundamente personal y tiene un impacto directo en nuestra calidad de vida. La salud financiera no es una meta lejana ni un concepto técnico: es una herramienta esencial para vivir con tranquilidad, tomar decisiones con confianza y construir un futuro con más posibilidades.


La Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI) 2023 deja en claro la magnitud del reto:

  • Solo el 21% de quienes recibieron educación financiera afirman tener una buena salud en este aspecto.
  • Entre quienes nunca la recibieron, esa cifra cae al 8%.

La diferencia es significativa, pero también reveladora. No se trata solo de saber más sobre dinero, sino de entender cómo ese conocimiento transforma la forma en que vivimos.

Hacer las finanzas más humanas.

Durante mucho tiempo, el mundo financiero se percibió como algo lejano, frío, reservado para especialistas o personas con cierto nivel socioeconómico. Pero esa visión ya no es sostenible. Humanizar las finanzas significa reconocer que detrás de cada número hay historias reales: una familia buscando estabilidad, una persona intentando ahorrar, un joven tomando decisiones sobre su futuro.

La salud financiera no debería ser una preocupación exclusiva de expertos. Debería ser parte de nuestra cotidianidad, una habilidad para la vida como leer, escribir o comunicarse. Porque cuando aprendemos a tomar mejores decisiones con nuestro dinero, no solo mejoramos nuestras finanzas: ganamos libertad, seguridad y la posibilidad de elegir con mayor autonomía.

Ir más allá de lo básico.

Durante años, los esfuerzos de educación financiera se han centrado en lo elemental: aprender a presupuestar, evitar deudas innecesarias, pagar a tiempo. Son herramientas fundamentales, pero insuficientes en un mundo que demanda una comprensión más profunda del entorno económico. Hoy, el verdadero reto es construir una cultura financiera que permita no solo sobrevivir, sino prosperar.

Esto implica enseñar a ahorrar con propósito, invertir con sentido, protegerse frente a riesgos y planificar a largo plazo. Implica también que la información financiera sea clara, accesible y adaptada a las distintas realidades: niñas y niños, jóvenes, personas mayores, personas con discapacidad, comunidades rurales o urbanas. Nadie debería quedar fuera.

Del conocimiento a la acción.

Una de las barreras más persistentes es la distancia entre saber y hacer. Muchas personas conocen la teoría, pero no logran ponerla en práctica. Por eso, cada vez más iniciativas incorporan herramientas de economía conductual y ciencias del comportamiento para ayudar a transformar el conocimiento en acción: recordatorios en momentos clave, experiencias prácticas, acompañamiento que reduce la carga cognitiva al tomar decisiones financieras.

Porque no se trata solo de transmitir información, sino de generar cambios reales en los hábitos, en la confianza y en la relación emocional que las personas tienen con el dinero.

Una tarea colectiva.

La construcción de una cultura financiera sólida no depende de un solo actor. Es un esfuerzo que debe involucrar a autoridades, instituciones educativas, sector financiero, sociedad civil y ciudadanía. Todos tenemos un papel en este proceso.
Pensar en el largo plazo implica apostar por una transformación estructural: incluir la educación financiera como parte del currículo escolar desde edades tempranas. No como una asignatura opcional o complementaria, sino como una habilidad de vida, tan indispensable como aprender a leer, escribir o razonar.

Una herramienta para vivir mejor.

Humanizar las finanzas no significa idealizar el dinero. Significa reconocer que, bien entendido y bien gestionado, el dinero puede ser un aliado. Una herramienta para vivir con menos miedo, con más opciones y con la tranquilidad de saber que nuestras decisiones están respaldadas por conocimiento y conciencia.

Hablar de dinero no debe ser un motivo de vergüenza, sino un paso hacia la autonomía. Cada peso bien administrado puede representar una meta alcanzada, una urgencia resuelta o un sueño que comienza a tomar forma.

Al final, la salud financiera no es el destino, sino el camino. Un camino que nos invita a vivir con intención, con dignidad y con la certeza de que, al tomar control de nuestras finanzas, también tomamos control de nuestras vidas.

https://revista.condusef.gob.mx/wp-content/uploads/2025/09/humaniza_306.pdf