El conocimiento no basta

¿Qué hacer para decir que sabes y tienes control sobre tus finanzas?

Los datos son claros: saber no implica hacer.
Una persona puede repetir de memoria qué es el interés compuesto, pero aun así endeudarse con una Tarjeta de Crédito (TDC) o gastar más de lo que gana.
De hecho, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha señalado que la Educación Financiera efectiva es aquella que combina conocimientos, habilidades, actitudes y comportamientos financieros. Si falta el componente conductual, el aprendizaje no se traduce en decisiones correctas ni en bienestar económico.

En la misma línea, Diana Mejía, especialista en inclusión financiera del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), sostiene que “la Educación Financiera debe ir más allá de transmitir conceptos: tiene que ayudar a desarrollar capacidades y hábitos prácticos que impacten en la vida diaria” (Fundación Microfinanzas BBVA, 2023)

La necesidad de lo conductual en Educación Financiera se refuerza con décadas de investigaciones en economía conductual, campo en el que Richard Thaler (Premio Nobel de Economía 2017) y Daniel Kahneman (Premio Nobel 2002) demostraron que las personas no deciden de manera estrictamente racional, sino que están influidas por sesgos, emociones y atajos mentales.


Algunos ejemplos:

Sesgo del presente: preferimos gratificaciones inmediatas, aunque a largo plazo sean perjudiciales (como gastar hoy en vez de ahorrar).
Exceso de confianza: muchas personas sobreestiman su capacidad para manejar deudas o inversiones.
Inercia: tendemos a mantener hábitos, aunque sean dañinos (como no revisar contratos financieros).

Por ello, programas de Educación Financiera que ignoran estas realidades corren el riesgo de ser irrelevantes. En cambio, si se diseñan con estrategias conductuales, como “empujones” (nudges), establecimiento de metas y automatización del ahorro, los resultados son mucho más sólidos.

Decir que la Educación Financiera puede existir sin un componente conductual es como pretender que alguien aprenda a nadar leyendo un manual, sin tocar el agua. Pueden ser de ayuda, pero lo que hace la diferencia es la práctica, el hábito, la repetición y el acompañamiento.


Lo conductual es, entonces:

  • El puente entre teoría y vida real.
  • La garantía de que la educación genera impacto medible.
  • El antídoto frente a los sesgos que afectan nuestras decisiones.


Si queremos tomarnos en serio la Educación Financiera, debemos reconocer que no es solo una cuestión de teoría, sino de conducta. Informar no es suficiente: hay que transformar hábitos.

En palabras sencillas: Educación Financiera sin lo conductual no es educación; es solo información.

https://revista.condusef.gob.mx/wp-content/uploads/2025/10/conocimiento_307.pdf