Cuando el dinero salepor la puerta…

¿de verdad el amor se va por la ventana?

Mariana y Luis no se dejaron de querer de golpe. No hubo gritos épicos ni portazos. Lo suyo fue más silencioso. Empezó con un “luego vemos la tarjeta”, siguió con un “mejor no hablemos de eso ahorita” y terminó en cenas donde nadie decía nada, pero ambos pensaban lo mismo: otra vez el dinero.


Lo incómodo no fue la deuda, sino cómo evitaron mirarla de frente.


El dicho es viejo y popular: cuando el dinero sale por la puerta, el amor se va por la ventana. Pero la realidad es más compleja. No es la falta de dinero lo que rompe relaciones, es la falta de conversación cuando el dinero aprieta.


El problema no es gastar, es no hacerlo juntos.

En la mayoría de las parejas, el endeudamiento no llega por irresponsables, sino por acumulación: una emergencia, un gusto “bien merecido”, un apoyo familiar, meses pagando solo el mínimo. El conflicto aparece cuando uno siente que carga con todo o cuando nadie sabe exactamente cuánto se debe.

Cuando la información es incompleta, la mente llena los vacíos con suposiciones y casi nunca son amables.

Ahí el amor no se va por la ventana, se queda atrapado entre estados de cuenta.


Cada quien ama (y gasta) distinto

Uno revisa cada peso. El otro confía en que “algo se acomodará”. Uno se estresa. El otro evade. Y sin darse cuenta, empiezan a discutir no por dinero, sino por lo que el dinero representa: seguridad, control, tranquilidad o reconocimiento.

Entender esto ayuda a cambiar la conversación. No son el problema; el problema es la deuda sin plan.


Hacer equipo sí cambia la historia

Las parejas que superan el endeudamiento no son las que nunca se equivocaron, sino las que dejaron de buscar culpables y empezaron a construir acuerdos. Hablar claro, ajustar expectativas y tomar decisiones juntos devuelve algo fundamental: la tranquilidad de estar del mismo lado.

Porque el amor no se mide en cuánto se gasta, sino en cómo se enfrentan los momentos difíciles.


CONDUTIP

Elijan un solo momento fijo a la semana (puede ser 10 minutos) para revisar cómo van con el dinero. No para regañar ni resolver todo, solo para responder una pregunta:

¿Estamos mejor, igual o peor que la semana pasada?

Nada más. Sin dramatizar. Sin discutir. La constancia hace más que cualquier gran plan.

El dinero puede salir por la puerta, claro. Lo que no tiene por qué salir es el amor.


Cuando el endeudamiento lo enfrentan juntos, el dicho deja de ser destino y se convierte en recordatorio.

https://revista.condusef.gob.mx/wp-content/uploads/2026/02/puerta_311.pdf